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El Marte Durmiente



Se embarca en fantasías que se funden confusas, sueña que el robot Curiosity encuentra y despierta a su guerrero, para así poder levantar la frente a la vez que su polla y no temer aquella Marciana que le golpea el orgullo y le acaricia el deseo. Todo a la vez. Sí,así.

Sabe que se engaña, sabe que no desea sentir de otra manera, ni desea ni quiere ser despertado.
La sueña poderosa, autoritaria, atlética, así la desea; 'abandóname en este cuchitril, escupe tu meada sobre mi antes de irte ..'

Se corre, se corre y como siempre al terminar la insulta exhausto con las sobras de una rabia imprecisa en lo que le queda de aliento y por fín Marte se sacude las legañas y se impone por breves segundos para volver a perderse y ser rescatado de nuevo por aquella fémina fuerte, violenta, vigorosa..

Esa Diosa, que sin ella no hay Marte, que sin ella no es.



Imagen: David Rodríguez - LNLD

El Deseo de Saturno en Casa VIII



Venus cual mariposa alegre y despistada primavera se dejo engañar por el maestro del camuflaje, al primer paso que dio sobre sus dominios se percato de que aquella tierra que pisaba la retenía inexplicablemente pues vió a su alrededor que nada brillaba, nada florecía, que el viento era seco y frío, que tan sólo se escuchaba el tiempo de un reloj de arena, un susurro silbante, y constante.
Una atmósfera melancólica la engullía.
Quiso marcharse.
Lo quiso de verdad pero la melancolía era más fuerte, no sabía de dónde venía, era desconocida pero a la vez tenía la certeza de que siempre la tuvo cerca, rondándole tras las esquinas, y mientras el tiempo serpenteaba sin pausa por aquel inmenso reloj de arena, la columna vertebral de Venus se iba  descalcificando hasta derrumbarla.
Intento en vano seducirlo con toda la sensualidad que anidaba en ella pero lo único que conseguía es que el tiempo se deslizara con más rapidez.
¿Tan nervioso te pongo? ¿Dónde va a parar el tiempo? ¿Y mi tiempo, dónde está? ¿Dónde va el tiempo que sobra? Ése tiempo desperdiciado, ése tiempo perdido en el que hacemos y decimos cualquier cosa con tal de que las manecillas del reloj no nos aplasten ni nos desnuden ¿Lo capturas tú, Saturno?
Mi tiempo se acaba, tengo miedo y no puedo moverme.
Bésame Saturno.
Ven, bésame, bésame ya y dame la muerte.
Tentado estuvo pero se contuvo.
La deseaba, claro que la deseaba e intensamente pero con un suspiro de vida al borde del abismo.


Imagen: Gil Bruvel